TAIKO MEXICO

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Taiko

En tiempos remotos los tambores Taiko fueron utilizados en Japón para comunicarse de pueblo a pueblo, también formaron parte de la cultura Samurai para dar inicio al combate y subir el nivel de adrenalina de los guerreros y así ganarlo.

Con el paso del tiempo, el pueblo japonés los incorporó a las festividades para invocar a sus Dioses, así mismo, en los templos budistas se utiliza dentro de las meditaciones y como purificación del espíritu.

En Japón tradicionalmente no se tocan tambores en el escenario, sino en festivales comunitarios, con motivos ceremoniales (budistas y shintoístas) o, como hace siglos, con fines guerreros.

Una leyenda revela que, hace 400 años, ante el inminente ataque de un poderoso ejército, los pescadores de un pequeño poblado japonés se pusieron máscaras de diablos y cabellos de algas y tocaron los tambores toda la noche. Lograron ahuyentar a quienes querían invadirlos.

También se dice que las fronteras de un pueblo se definían por la distancia desde la cual podía ser escuchado el tambor comunitario.

Hace aprox. 50 años se presenta como un espectáculo y hoy en día también es tocado en bodas e inauguraciones como buen augurio.

Los Taiko producen mucho más que un sonido enorme, largo y profundo. Generan en realidad una vibración, un fenómeno físico intenso y agradable que hace recordar cuando uno estaba en el vientre de su madre y cuando de éste se sentía el latir de su corazón y el recorrido de su sangre. Que al mismo tiempo limpia el cuerpo y el espíritu de las personas, que las estimula a buscarse a sí mismas. No se trata del mero sonido, si no de la energía de cada una de las personas y las vibraciones que lo hacen posible y que van más allá de la simple percepción del oído.

"Es la vida misma", El Universo es vibraciones.

Exige un esfuerzo y entrenamiento agotadores, porque se trata de dialogar con el Taiko a través de nuestro cuerpo, de nuestra energía. Se trata de una tradición viva y en movimiento.

Para Nahoko Kobayashi no se trata solo de sonido, es un flujo de energía entre la naturaleza y las personas que lo hacen posible, logrando en el espectador una armonía interna simulando la cálida estancia del ser en el vientre materno induciendo un renacimiento entre cuerpo y espíritu.

Partiendo de estos principios Nahoko Kobayashi en cada presentación pretende generar en el espectador la fuerza para encontrarse.

Los arboles reciben la gratificación y energía de la naturaleza conforme van creciendo; comprendiendo el mundo vierten sus espíritus en el energético sonido que viene de la verdad eterna, capaz de alcanzar lo más profundo que hay en nosotros, la conexión con el alma; amando el espíritu de la naturaleza, sintiendo el sonido, comunicando la vibración y la energía que todos tenemos, recordándonos los latidos del corazón.

Pulso con el alma, cuerpo y espíritu; la vida es ritmo.

Desde el vientre materno el pulso cardiaco arrulla nuestro desarrollo y con el inicio de nuestra existencia un corazón palpitante nos acompaña el resto de nuestra vida.